Dentro del sistema educativo la teoría de sistemas se refleja en que el sujeto, el alumno es un sistema. Todo lo que rodea a éste son otros sistemas, llámense; familia, territorio, amigos.
Es imposible desmerecer los esfuerzos desde el gobierno por intervenir de manera efectiva en la educación de nuestro país. Sin embargo, "pareciera" (Las cosas nunca son lo que parecen. ´Máxima de la sociología) siempre topa con algo que le impide avanzar a nuestro sistema educativo, a la educación de calidad. Y todos nos preguntamos ¿desde dónde falla el “Sistema”.? Es desde su organización, desde su gestión, es la inversión, son los profesores.etc. Para poder vislumbrar la situación de dónde falla este sistema es necesario considerar algunos aspectos.
Dado que ha estado en boga los últimos resultados del SIMCE, en este ensayo usaré el ejemplo del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación. Comenzaré por establecer que este “sistema” propuesto por el gobierno falla, sencillamente porque como su nombre lo dice mide la calidad educativa dejando a un lado, desde mi perspectiva, un factor importante a la hora de medir la calidad, estos estándares; “Obvia el capital cultural, territorial”.
Estoy convencida que este mecanismo está diseñado para evaluar a colegios particulares, no subvencionados. Para explicar mejor: Es de conocimiento colectivo que la calida de la educación, medida a través de mecanismos evaluativos como el SIMCE se manifiesta de forma crecientemente deficiente en nuestro país. Si el SIMCE mide a partir de sus resultados una supuesta calidad de las instituciones educativas, saltan a la vista las notorias diferencias entre los resultados obtenidos por aquellas que pertenecen al ámbito público y aquellas que pertenecen al ámbito privado.
Tradicionalmente el debate se ha centrado en dos focos de análisis, por un lado en las diferencias socioeconómicas de las instituciones públicas v/s las instituciones privadas y por otro lado en una supuesta deficiencia en la gestión administrativa de las instituciones que evidencian bajo rendimiento, generalmente aquellas que pertenecen al área pública.
Sin negar ni dejar a un lado estos antecedentes es necesario volver a dar una nueva mirada y hacer una nueva lectura acerca de la posibilidad de que los problemas se encuentren en otros aspectos no considerados, tales como, la ineficiencia de las herramientas de medición, así como de los programas educativos establecidos por el ministerio respectivo al que se ajustan las instituciones tradicionales.
El sistema educativo demuestra estar en crisis, lo demuestra en diversas áreas, una de ellas se relaciona con el desempeño de los alumnos y la calidad de la educación que estos reciben mediada ciertas herramientas construidas para este fin, como el SIMCE.
A partir del análisis de los últimos resultados de esta prueba de medición se observa claramente que la brecha entre la educación pública y la privada parece acentuarse. Es necesario que el Ministerio de Educación evalué otros proyectos para generar un sistema verdaderamente más igualitario, para ello debe empezar por considerar como base los otros sistemas que intervienen en el sujeto a la hora de medir calidad educativa. Debe considerar por ejemplo; su base cultural, su acceso a esta, su ingreso familiar, etc. Lo que trato de establecer es que antes de aplicar un sistema como el SIMCE es necesario igualar competencia desde todos los ámbitos, hecho esto podremos medir los avances o estancamientos de un sistema que aparenta ser igualitario, pero que claramente es aún deficiente para dar respuestas y soluciones de fondo para la educación.
La realidad del profesor público, es cruda, porque él es el más conciente de las desigualdades a las que se ven enfrentados sus alumnos. Por esta conciencia es que es vital que este aumente los esfuerzos para que esta igualdad comience por su clase, por ofrecerles al menos las herramientas necesarias a los alumnos para igualar sus competencias. Darle una clase de información adecuada, cumplir con el horario estipulado de una clase, planificarla previamente. Es ofrecer calidad educativa a nuestros alumnos y al sistema educativo.
Es imposible desmerecer los esfuerzos desde el gobierno por intervenir de manera efectiva en la educación de nuestro país. Sin embargo, "pareciera" (Las cosas nunca son lo que parecen. ´Máxima de la sociología) siempre topa con algo que le impide avanzar a nuestro sistema educativo, a la educación de calidad. Y todos nos preguntamos ¿desde dónde falla el “Sistema”.? Es desde su organización, desde su gestión, es la inversión, son los profesores.etc. Para poder vislumbrar la situación de dónde falla este sistema es necesario considerar algunos aspectos.
Dado que ha estado en boga los últimos resultados del SIMCE, en este ensayo usaré el ejemplo del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación. Comenzaré por establecer que este “sistema” propuesto por el gobierno falla, sencillamente porque como su nombre lo dice mide la calidad educativa dejando a un lado, desde mi perspectiva, un factor importante a la hora de medir la calidad, estos estándares; “Obvia el capital cultural, territorial”.
Estoy convencida que este mecanismo está diseñado para evaluar a colegios particulares, no subvencionados. Para explicar mejor: Es de conocimiento colectivo que la calida de la educación, medida a través de mecanismos evaluativos como el SIMCE se manifiesta de forma crecientemente deficiente en nuestro país. Si el SIMCE mide a partir de sus resultados una supuesta calidad de las instituciones educativas, saltan a la vista las notorias diferencias entre los resultados obtenidos por aquellas que pertenecen al ámbito público y aquellas que pertenecen al ámbito privado.
Tradicionalmente el debate se ha centrado en dos focos de análisis, por un lado en las diferencias socioeconómicas de las instituciones públicas v/s las instituciones privadas y por otro lado en una supuesta deficiencia en la gestión administrativa de las instituciones que evidencian bajo rendimiento, generalmente aquellas que pertenecen al área pública.
Sin negar ni dejar a un lado estos antecedentes es necesario volver a dar una nueva mirada y hacer una nueva lectura acerca de la posibilidad de que los problemas se encuentren en otros aspectos no considerados, tales como, la ineficiencia de las herramientas de medición, así como de los programas educativos establecidos por el ministerio respectivo al que se ajustan las instituciones tradicionales.
El sistema educativo demuestra estar en crisis, lo demuestra en diversas áreas, una de ellas se relaciona con el desempeño de los alumnos y la calidad de la educación que estos reciben mediada ciertas herramientas construidas para este fin, como el SIMCE.
A partir del análisis de los últimos resultados de esta prueba de medición se observa claramente que la brecha entre la educación pública y la privada parece acentuarse. Es necesario que el Ministerio de Educación evalué otros proyectos para generar un sistema verdaderamente más igualitario, para ello debe empezar por considerar como base los otros sistemas que intervienen en el sujeto a la hora de medir calidad educativa. Debe considerar por ejemplo; su base cultural, su acceso a esta, su ingreso familiar, etc. Lo que trato de establecer es que antes de aplicar un sistema como el SIMCE es necesario igualar competencia desde todos los ámbitos, hecho esto podremos medir los avances o estancamientos de un sistema que aparenta ser igualitario, pero que claramente es aún deficiente para dar respuestas y soluciones de fondo para la educación.
La realidad del profesor público, es cruda, porque él es el más conciente de las desigualdades a las que se ven enfrentados sus alumnos. Por esta conciencia es que es vital que este aumente los esfuerzos para que esta igualdad comience por su clase, por ofrecerles al menos las herramientas necesarias a los alumnos para igualar sus competencias. Darle una clase de información adecuada, cumplir con el horario estipulado de una clase, planificarla previamente. Es ofrecer calidad educativa a nuestros alumnos y al sistema educativo.